miércoles, 4 de abril de 2012

Es un error, amigo El Aissami.


Me sorprendió bastante conocer en la tarde de ayer, el anuncio del Ministro El Aissami respecto a la creación por parte del gobierno de una Corporación de Vigilancia y Seguridad Privada. Visto el extraño título me dispongo a leer las reseñas en donde se explica de manera más extensa lo que es el espíritu de la creación de esta Corporación. En este sentido, el Ministro El Aissami expresó lo siguiente: "La labor de la vigilancia privada la ejercen muchas empresas incumpliendo con las normativas laborales, muchas veces explotando a los obreros de la vigilancia privada. Nosotros vamos a reivindicar la clase obrera y los trabajadores que se desempeñan en este ramo”.


Tal como lo pensé, alguna “buena intención” motivaría la creación de esta Corporación, sin embargo, es una buena intención que parte de una observación muy superficial del asunto, y como ha ocurrido en otras oportunidades, puede ser que esta solución “bien intencionada” agudice el problema.



Primero, si vamos al análisis de las labores que realizan las mujeres y hombres empleadas por las empresas de vigilancia privada, encontraremos que en su mayoría son actividades muy monótonas, en las que varían muy poco sus posturas de trabajo y que para realizarlas deben utilizar mobiliario de trabajo inadecuado, todo lo anterior desencadena en enfermedades con ocasión al trabajo de las y los vigilantes privados. En cuanto a accidentes de trabajo, los más frecuentes con los relacionados a los que se supone ellos vienen a solucionar: La inseguridad. Recuerdo con mucho pesar el caso del vigilante privado de la UCLA que fue asesinado en una unidad de transporte público en Barquisimeto luego de dar aviso a las autoridades del hallazgo de una cuantiosa cantidad de dinero en las cercanías a su lugar de trabajo; casos como estos abunda. Son las mujeres y hombres que trabajan como vigilantes privados personas que impulsadas por la falta de empleo productivo recurren a esa actividad mal pagada y la cual deben enfrentar sin provisiones y sin preparación.



Segundo, las empresas de vigilancia privada, muchas de las cuales legalmente constituidas y respetosas de las leyes, se enmarcan en lo que se denomina “Tercerización del trabajo”, en el cual hay trabajadoras y trabajadores en un centro de trabajo, muchas veces realizando actividades muy similares o igualmente significativas para el proceso productivo de una empresa, pero que no reciben los mismos beneficios que quienes están contratados por la empresa principal. Esta práctica tiene quienes la apoyan y tiene sus detractores, particularmente yo soy una detractora, salvo casos muy particulares como actividades temporales y especializadas. En todo caso, es una bandera para los movimientos de trabajadores a nivel mundial la erradicación de esta práctica.



Tercero, en las definiciones básicas del derecho tenemos que el Estado es quien tiene el monopolio de la “violencia legal”, el hecho de que surjan empresas privadas que ofrezcan una seguridad por la que hay que pagar, es un indicador de la deficiencia del Estado en proveer la seguridad pública, la que corresponde a todas y todos sin distingo de condición social. Resulta bastante contradictorio, por decir lo menos, que un gobierno que se ha denominado “socialista” cree una empresa de seguridad y vigilancia para quienes puedan pagarla; ¿Qué haremos quienes no tengamos los recursos para costear la seguridad? ¿No debería un gobierno socialista proveerla a todas y todos con igualdad?



El auge de las empresas de vigilancia privada es pues, un síntoma de la sociedad injusta que tenemos, el Estado incapaz de proveer seguridad pública, la necesidad de las personas y empresas por proteger su integridad personal y patrimonial, la oportunidad de negocio que surge de esta necesidad una veces aprovechada para bien, muchas otras utilizada para lucro irresponsable; y por último la necesidad de dinero de mujeres y hombres que en la plenitud de sus capacidades físicas e intelectuales, deben conformase en un empleo monótono, que no permite el desarrollo de las capacidades físicas e intelectuales de las personas, que es además poco satisfactorio y muy riesgoso.



Entonces, lejos de ser una actividad promovida por el Estado, debemos como sociedad trabajar en conjunto para acabar con aquello que hace de la seguridad privada una necesidad, el Estado generando seguridad, el sector productivo incursionando en actividades igualmente lucrativas pero que supongan la generación de empleos realmente productivos, edificantes y menos riesgosos para las personas que como todas, queremos tener un empleo digno, seguro y saludable, que suponga desafíos intelectuales y físicos que nos hagan sentir personas cada vez más competentes, mejor preparadas y más valoradas.



RG.


Imagen tomada de: cagaepais.wordpress.com

1 comentario:

  1. Me parece muy pertinente el análisis que haces Rosa. El tema de la seguridad se torna un punto central en la agenda diaria en nuestro país, y es muy cierto lo que señalas de forma sistematizada y argumentada sobre el negocio de la seguridad privada y todo lo reproduce en una sociedad que sólo divide funciones para unos y otros y los reduce a meros objetos, mercancías del mismo sistema...Espero, seguir leyendo más análisis por aquí. Un abrazo.

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